Celebran Domingo de Ramos, feligreses de San Miguel Arcángel
02/04/2023 02:35
Chihuahua, Chih.- Este día en punto de las 8:30 de la mañana se llevó a cabo la celebración del Domingo de Ramos en la Iglesia de San Miguel Arcángel a donde acudieron decenas de feligreses.La Santa Misa fue oficiada por Monseñor, Davila quien realizó la bendición de las palmas y posteriormente iniciaron con una procesión por las calles de la colonia Zootecnia.
Los feligreses iniciaron la procesión con varios cantos mientras recorrían varias cuadras de la colonia.
Aquí el mensaje de hoy domingo y el Evangelio:
*Santo Evangelio del Día 2 de abril*
*DOMÍNICA DE RAMOS*
*Estación litúrgica en Roma: San Juan de Letrán*
Semidoble
(ornamentos morados)
"Hosanna al hijo de David: bendito el que viene en el nombre
del Señor. Oh Rey de Israel: Hosanna en las alturas".
*(Mateo XXI, 9)*
*Epístola*
Hermanos: Tened en vuestros corazones los mismos sentimientos que tuvo Cristo Jesús; el cual, siendo su naturaleza la de Dios, no miró como botín el ser igual a Dios, sino que se despojó a sí mismo, tomando la forma de siervo, hecho semejante a los hombres. Y hallándose en la condición de hombre se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de Cruz. Por eso Dios le sobreensalzó y le dio el nombre que es sobre todo nombre, para que toda rodilla en el cielo, en la tierra y debajo de la tierra se doble en el nombre de Jesús, y toda lengua confiese que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.
*Filipenses II, 5-11*
*Evangelio*
En aquel tiempo: Dijo Jesús a sus discípulos: “La Pascua, como sabéis, será dentro de dos días, y el Hijo del hombre va a ser entregado para que lo crucifiquen”. Entonces los jefes de los sacerdotes y los ancianos del pueblo se reunieron en el palacio del pontífice que se llamaba Caifás; y deliberaron prender a Jesús con engaño, y darle muerte. Pero, decían: “No durante la fiesta, para que no haya tumulto en el pueblo”. Ahora bien, hallándose Jesús en Betania, en casa de Simón el leproso, una mujer se acercó a Él, trayendo un vaso de alabastro, con ungüento de mucho precio, y lo derramó sobre la cabeza de Jesús, que estaba a la mesa. Los discípulos, viendo esto, se enojaron y dijeron: “¿Para qué este desperdicio? Se podía vender por mucho dinero, y darlo a los pobres”. Mas Jesús, notándolo, les dijo: “¿Por qué molestáis a esta mujer? Ha hecho una buena obra conmigo. Porque a los pobres los tenéis siempre con vosotros, pero a Mí no me tenéis siempre. Al derramar este ungüento sobre mi cuerpo; lo hizo para mi sepultura. En verdad, os digo, en el mundo entero, dondequiera que fuere predicado este Evangelio, se contará también, en su memoria, lo que acaba de hacer”. Entonces uno de los Doce, el llamado Judas Iscariote, fue a los sumos sacerdotes, y dijo: “¿Qué me dais, y yo os lo entregaré?” Ellos le asignaron treinta monedas de plata. Y desde ese momento buscaba una ocasión para entregarlo. El primer día de los Ázimos, los discípulos se acercaron a Jesús, y le preguntaron: “¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?”. Les respondió: a la ciudad, a cierto hombre, y decidle: “El Maestro te dice: Mi tiempo está cerca, en tu casa quiero celebrar la Pascua con mis discípulos”. Los discípulos hicieron lo que Jesús les había mandado, y prepararon la Pascua. Y llegada la tarde, se puso a la mesa con los Doce. Mientras comían les dijo: “En verdad, os digo, uno de vosotros me entregará”. Y entristecidos en gran manera, comenzaron cada uno a preguntarle: “¿Seré yo, Señor?” Mas Él respondió y dijo: “El que conmigo pone la mano en el plato, ése me entregará. El Hijo del hombre se va, como esta escrito de Él, pero ¡ay de aquel hombre, por quien el Hijo del hombre es entregado! Más le valdría a ese hombre no haber nacido”. Entonces Judas, el que le entregaba, tomó la palabra y dijo: “¿Seré yo, Rabí?” Le respondió: “Tú lo has dicho”. Mientras comían, pues, ellos, tomando Jesús pan, y habiendo bendecido partió y dio a los discípulos diciendo: “Tomad, comed, éste es el cuerpo mío”. Y tomando un cáliz, y habiendo dado gracias, dio a ellos, diciendo: “Bebed de él todos, porque ésta es la sangre mía de la Alianza, la cual por muchos se derrama para remisión de pecados. Os digo: desde ahora no beberé de este fruto de la vid hasta el día aquel en que lo beba con vosotros, nuevo, en el reino de mi Padre”. Y entonado el himno, salieron hacia el Monte de los Olivos. Entonces les dijo Jesús: “Todos vosotros os vais a escandalizar de Mí esta noche, porque está escrito: ‘Heriré al pastor, y se dispersarán las ovejas del rebaño’. Mas después que Yo haya resucitado, os precederé en Galilea”. Respondióle Pedro y dijo: “Aunque todos se escandalizaren de Ti, yo no me escandalizaré jamás”. Jesús le respondió: “En verdad, te digo que esta noche, antes que el gallo cante, tres veces me negarás”. Replicóle Pedro: “¡Aunque deba contigo morir, de ninguna manera te negaré!” Y lo mismo dijeron también todos los discípulos. Entonces, Jesús llegó con ellos al huerto llamado Getsemaní, y dijo a los discípulos: “Sentaos aquí, mientras voy allí y hago oración”, y tomando consigo a Pedro y a los dos hijos dé Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse. Después les dijo: “Mi alma está triste, mortalmente; quedaos aquí y velad conmigo”. Y adelantándose un poco, se postró con el rostro en tierra, orando y diciendo: “Padre mío, si es posible, pase este cáliz lejos de Mí; mas no como Yo quiero, sino como Tú”. Y yendo hacia los discípulos, los encontró durmiendo. Entonces dijo a Pedro: “¿No habéis podido, pues, una hora velar conmigo? Velad y orad, para que no entréis en tentación. El espíritu, dispuesto (está), mas la carne, es débil”. Se fue de nuevo, y por segunda vez, oró así: “Padre mío, si no puede esto pasar sin que Yo lo beba, hágase la voluntad tuya”. Y vino otra vez y los encontró durmiendo; sus ojos estaban, en efecto, cargados. Los dejó, y yéndose de nuevo, oró una tercera vez, diciendo las mismas palabras. Entonces, vino hacia los discípulos y les dijo: “¿Dormís ahora y descansáis?”. He aquí que llegó la hora y el Hijo del Hombre es entregado en manos de pecadores. ¡Levantaos! ¡Vamos! Mirad que ha llegado el que me entrega”. Aun estaba hablando y he aquí que Judas, uno de los Doce, llegó acompañado de un tropel numeroso con espadas y palos, enviado por los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo. El traidor les había dado esta señal: “Aquel a quien yo daré un beso, ése es; sujetadle”. En seguida se aproximó a Jesús y le dijo: “¡Salud, Rabí!”, y lo besó. Jesús le dijo: “Amigo, ¡a lo que vienes!”. Entonces, se adelantaron, echaron mano de Jesús, y lo prendieron. Y he aquí que uno de los que estaban con Jesús llevó la mano a su espada, la desenvainó y dando un golpe al siervo del sumo sacerdote, le cortó la oreja. Díjole, entonces, Jesús: “Vuelve tu espada a su lugar, porque todos los que empuñan la espada, perecerán a espada. ¿O piensas que no puedo rogar a mi Padre, y me dará al punto más de doce legiones de ángeles? ¿Mas, cómo entonces se cumplirían las Escrituras de que así debe suceder?”. Al punto dijo Jesús a la turba: “Como contra un ladrón habéis salido, armados de espadas y palos, para prenderme. Cada día me sentaba en el Templo para enseñar, ¡y no me prendisteis! Pero todo esto ha sucedido para que se cumpla lo que escribieron los profetas”. Entonces los discípulos todos, abandonándole a Él, huyeron. Los que habían prendido a Jesús lo llevaron a casa de Caifás, el sumo sacerdote, donde los escribas y los ancianos estaban reunidos. Pedro lo había seguido de lejos hasta el palacio del sumo sacerdote, y habiendo entrado allí, se hallaba sentado con los satélites para ver cómo terminaba eso. Los sumos sacerdotes, y todo el Sanhedrín, buscaban un falso testimonio contra Jesús para hacerlo morir; y no lo encontraban, aunque se presentaban muchos testigos falsos. Finalmente se presentaron dos, que dijeron: “Él ha dicho: “Yo puedo demoler el templo de Dios, y en el espacio de tres días reedificarlo”. Entonces, el sumo sacerdote se levantó y le dijo: “¿Nada respondes? ¿Qué es eso que éstos atestiguan contra Ti?” Pero Jesús callaba. Díjole, pues, el sumo sacerdote: “Yo te conjuro por el Dios vivo a que nos digas si Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios”. Jesús le respondió: “Tú lo has dicho. Y Yo os digo: desde este momento veréis al Hijo del hombre sentado a la diestra del Poder y viniendo sobre las nubes del cielo”. Entonces, el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras, y dijo: “¡Ha blasfemado! ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Ahora mismo, vosotros habéis oído la blasfemia. ¿Qué os parece?” Contestaron diciendo: “Merece la muerte”. Entonces lo escupieron en la cara, y lo golpearon, y otros lo abofetearon, diciendo: “Adivínanos, Cristo, ¿quién es el que te pegó?”. Pedro, entretanto, estaba sentado fuera, en el patio; y una criada se aproximó a él y le dijo: “Tú también estabas con Jesús, el Galileo”. Pero él lo negó delante de todos, diciendo: “No sé qué dices”. Cuando salía hacia la puerta, otra lo vio y dijo a los que estaban allí: “Éste andaba con Jesús el Nazareno”. Y de nuevo lo negó, con juramento, diciendo: “Yo no conozco a ese hombre”. Un poco después, acercándose los que estaban allí de pie, dijeron a Pedro: ¡Ciertamente, tú también eres de ellos, pues tu habla te denuncia!” Entonces se puso a echar imprecaciones y a jurar: “Yo no conozco a ese hombre”. Y en seguida cantó un gallo, y Pedro se acordó de la palabra de Jesús: “Antes que el gallo cante, me negarás tres veces”. Y saliendo afuera, lloró amargamente. Llegada la madrugada, todos los jefes de los sacerdotes y los ancianos del pueblo tuvieron una deliberación contra Jesús para hacerlo morir. Y habiéndolo atado, lo llevaron y entregaron a Pilato, el gobernador. Entonces viendo Judas, el que lo entregó, que había sido condenado, fue acosado por el remordimiento, y devolvió las treinta monedas de plata a los sumos sacerdotes y a los ancianos, diciendo: “Pequé, entregando sangre inocente”. Pero ellos dijeron: “A nosotros ¿qué nos importa? tú verás”. Entonces, él arrojó las monedas en el Templo, se retiró y fue a ahorcarse. Mas los sumos sacerdotes, habiendo recogido las monedas, dijeron: “No nos es lícito echarlas en el tesoro de las ofrendas, porque es precio de sangre”. Y después de deliberar, compraron con ellas el campo del Alfarero para sepultura de los extranjeros. Por lo cual ese campo fue llamado Campo de Sangre, hasta el día de hoy. Entonces, se cumplió lo que había dicho el profeta Jeremías: “Y tomaron las treinta monedas de plata, el precio del que fue tasado, al que pusieron precio los hijos de Israel, y las dieron por el Campo del Alfarero, según me ordenó el Señor”. Entretanto, Jesús compareció delante del gobernador, y el gobernador le hizo esta pregunta: “¿Eres Tu el rey de los judíos?” Jesús le respondió: “Tú lo dices”. Y mientras los sumos sacerdotes y los ancianos lo acusaban, nada respondió. Entonces, Pilato le dijo: “¿No oyes todo esto que ellos alegan contra Ti?” Pero Él no respondió ni una palabra sobre nada, de suerte que el gobernador estaba muy sorprendido. Ahora bien, con ocasión de la fiesta, el gobernador acostumbraba conceder al pueblo la libertad de un preso, el que ellos quisieran. Tenían a la sazón, un preso famoso, llamado Barrabás. Estando, pues, reunido el pueblo, Pilato les dijo: “¿A cuál queréis que os suelte, a Barrabás o a Jesús, el que se dice Cristo?”, porque sabía que lo habían entregado por envidia. Mas mientras él estaba sentado en el tribunal, su mujer le mandó decir: “No tengas nada que ver con ese justo, porque yo he sufrido mucho hoy, en sueños, por Él”. Pero los sumos sacerdotes y los ancianos persuadieron a la turba que pidiese a Barrabás, y exigiese la muerte de Jesús. Respondiendo el gobernador les dijo: “¿A cuál de los dos queréis que os suelte?” Ellos dijeron: “A Barrabás”. Díjoles Pilato: “¿Qué haré entonces con Jesús, el que se dice Cristo?” Todos respondieron: “¡Sea crucificado!” Y cuando él preguntó: “Pues ¿qué mal ha hecho?”, gritaron todavía más fuerte, diciendo: “¡Sea crucificado!” Viendo Pilato, que nada adelantaba, sino que al contrario crecía el clamor, tomó agua y se lavó las manos delante del pueblo diciendo: “Yo soy inocente de la sangre de este justo. Vosotros veréis”. Y respondió todo el pueblo diciendo: “¡La sangre de Él, sobre nosotros y sobre nuestros hijos!” Entonces, les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de haberlo hecho azotar, lo entregó para que fuese crucificado. Entonces, los soldados del gobernador llevaron a Jesús al pretorio, y reunieron alrededor de Él toda la guardia. Lo despojaron de los vestidos y lo revistieron con un manto de púrpura. Trenzaron también una corona de espinas y se la pusieron sobre la cabeza, y una caña en su derecha; y doblando la rodilla delante de Él, lo escarnecían, diciendo: “¡Salve, rey de los judíos!”; y escupiendo sobre Él, tomaban la caña y lo golpeaban en la cabeza. Después de haberse burlado de Él, le quitaron el manto, le pusieron sus vestidos, y se lo llevaron para crucificarlo. Al salir, encontraron a un hombre de Cirene, de nombre Simón; a éste lo requisaron para que llevara la cruz de Él. Y llegados a un lugar llamado Gólgota, esto es, “del Cráneo”, le dieron a beber vino mezclado con hiel; y gustándolo, no quiso beberlo. Los que lo crucificaron se repartieron sus vestidos, echando suertes. Y se sentaron allí para custodiarlo. Sobre su cabeza pusieron, por escrito, la causa de su condenación: “Este es Jesús el rey de los judíos”. Al mismo tiempo crucificaron con Él a dos ladrones, uno a la derecha, otro a la izquierda. Y los transeúntes lo insultaban meneando la cabeza y diciendo: “Tú que derribas el Templo, y en tres días lo reedificas, ¡sálvate a Ti mismo! Si eres el Hijo de Dios,¡bájate de la cruz!” De igual modo los sacerdotes se burlaban de Él junto con los escribas y los ancianos, diciendo: “A otros salvó, a sí mismo no puede salvarse. Rey de Israel es: baje ahora de la cruz, y creeremos en Él. Puso su confianza en Dios, que Él lo salve ahora, si lo ama, pues ha dicho: “De Dios soy Hijo”. También los ladrones, crucificados con Él, le decían las mismas injurias.Desde la hora sexta, hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora nona. Y alrededor de la hora nona, Jesús clamó a gran voz, diciendo: “¡Elí, Elí, ¿lama sabactani?”, esto es: “¡Dios mío, Dios mío! ¿por qué me has abandonado?”. Al oír esto, algunos de los que estaban allí dijeron: “A Elías llama éste”. Y en seguida uno de ellos corrió a tomar una esponja, que empapó en vinagre, y atándola a una caña, le presentó de beber. Los otros decían: “Déjanos ver si es que viene Elías a salvarlo”. Mas Jesús, clamando de nuevo, con gran voz, exhaló el espíritu. Y he ahí que el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; tembló la tierra, se agrietaron las rocas, se abrieron los sepulcros y los cuerpos de muchos santos difuntos resucitaron. Y, saliendo del sepulcro después de la resurrección de Él, entraron en la Ciudad Santa, y se aparecieron a muchos. Entretanto, el centurión y sus compañeros que guardaban a Jesús, viendo el terremoto y lo que había acontecido, se llenaron de espanto y dijeron: “Verdaderamente, Hijo de Dios era este”. Había también allí muchas mujeres que miraban de lejos; las cuales habían seguido a Jesús desde Galilea, sirviéndole. Entre ellas se hallaban María la Magdalena, María la madre de Santiago y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo. Llegada la tarde, vino un hombre rico de Arimatea, llamado José, el cual también era discípulo de Jesús. Se presentó delante de Pilato y pidió el cuerpo de Jesús. Entonces Pilato mandó que se le entregase. José tomó, pues, el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia, y lo puso en el sepulcro suyo, nuevo, que había hecho tallar en la roca. Después rodó una gran piedra sobre la entrada del sepulcro, y se fue. Estaban allí María la Magdalena y la otra María, sentadas frente al sepulcro. Al otro día, el siguiente de la Preparación, los sumos sacerdotes y los fariseos se reunieron y fueron a Pilato, a decirle: “Señor, recordamos que aquel impostor dijo cuando vivía: “A los tres días resucitare”. Manda, pues, que el sepulcro sea guardado hasta el tercer día, no sea que sus discípulos vengan a robarlo y digan al pueblo: “Ha resucitado de entre los muertos”, y la última impostura sea peor que la primera”. Pilato les dijo: “Tenéis guardia. Id, guardadlo corno sabéis”. Ellos, pues, se fueron y aseguraron el sepulcro con la guardia, después de haber sellado la piedra.
*Mateo XXVI, 1-75 - XXVII, 1-6*
*Catena Aurea*
*San Jerónimo*
Después de los dos días de la clarísima luz del Antiguo y Nuevo Testamento, se celebra la Pascua verdadera para el mundo y también nuestro tránsito, esto es phase, si abandonando las cosas de la tierra nos apresuramos a adquirirlas del cielo.
*Remigio*
La palabra entonces, va unida a las anteriores, esto es, antes de que se celebrase la Pascua.
*San Agustín, de consensu evangelistarum, 2,79*
Aunque San Lucas cuenta un hecho semejante al que de aquí se habla, que ocurrió en la casa de un hombre, y convengan en el nombre de la persona en cuya casa era donde estaba el Señor convidado (pues dice que se llamaba Simón); sin embargo, como no es contra el uso y costumbre de los hombres el que dos tengan el mismo nombre, es más creíble que fuese otro Simón, no leproso, en cuya casa, en Bethania, sucedía esto. Yo pienso, pues, que no era sino la misma mujer, la pecadora que entonces se acercó a los pies de Jesús. Y que la misma María hizo esto dos veces; a saber: la primera la que cuenta San Lucas y conmemora también San Juan con el nombre de María, antes que el Salvador llegara a Betania, en estos términos: "había, dice, un enfermo en Bethania llamado Lázaro, en el castillo de María y Marta su hermana. María era la que ungió al Señor con ungüento y limpió sus pies con sus cabellos, cuyo hermano Lázaro estaba enfermo" ( Lc 11,1-2). María había, por consiguiente, hecho ya esto, cuando otra vez lo hizo en Betania. Y este segundo hecho es el que no refiere San Lucas, y es referido por los tres evangelistas, a saber, Juan, Mateo y Marcos, con la diferencia empero que San Mateo y San Marcos dicen que derramó aquel ungüento en la cabeza del Señor, mas San Juan en los pies. Lo que no envuelve contradicción, si admitimos que no solamente ungió la cabeza del Señor, sino también los pies. A no ser que haya quien niegue que, como cuenta San Marcos, roto el vaso de alabastro y ungida la cabeza, pudo haber quedado lo bastante para perfumar los pies del Señor. Pero el que así calumnia, conceda que los pies del Señor fueron ungidos antes de romper el vaso, para que quedase entero, a fin de ungir la cabeza, derramándolo todo por la rotura.
*Orígenes, in Matthaeum, 35*
Y esto es lo que hacen todos los que reciben algo de las cosas corporales o mundanas, para que entreguen y arrojen fuera de su alma al Salvador, y a la palabra de la verdad que se hallaba en ellos.
Continúa: "Y ellos le señalaron treinta monedas de plata": señalándole tanta paga cuantos años el Salvador había vivido en este mundo.
*San Hilario, in Matthaeum, 30*
O no nombra al hombre con quien hubo de celebrar la Pascua, por esta razón; porque aun no se daba entonces a los creyentes el honor del nombre cristiano.
*Rábano*
También Judas pudo decir esto, y ser respondido por el Señor, sin que los demás advirtieran lo que se había hablado.
*San Ambrosio, de sacramentis 4,5*
Antes, pues, que se verifique la consagración, el pan es pan; pero cuando sobre él descienden las palabras de Jesucristo, que dice: "Este es mi cuerpo" el pan se convierte en cuerpo de Cristo.
*San Hilario, in Matthaeum, 30*
Parece, pues, que no bebiendo Judas con El, tampoco lo había de beber en el reino, toda vez que les promete a todos los que beben entonces, que beberán después con El mismo del fruto de esta vid.
*Remigio*
Lo que Jesucristo dice como profeta, San Pedro lo niega como amante. En lo que se nos enseña moralmente, que cuanto confiamos en el ardor de la fe, tanto debemos temer en la fragilidad de la carne. Sin embargo, Pedro parece digno de censura, porque contradijo, porque se antepuso a los demás y porque todo se lo atribuyó a sí mismo, confiado en la fortaleza de su perseverancia. Para curar esto en él, permitió su caída, no impulsándole para que negara, sino dejándolo abandonado a sus propias fuerzas, y convenciendo de fragilidad a la humana naturaleza.
*Orígenes, in Matthaeum, 35*
O de otro modo: "Mi alma está triste hasta la muerte", como diciendo: ha empezado la tristeza en mí, pero no durará siempre, sino hasta la muerte; porque cuando hubiese muerto al pecado, moriré también a toda clase de tristezas, que tan gran principio tuvieron en mí. "Esperad aquí", etc. Como si dijese: a los demás les he mandado permanecer allí como más débiles, preservándoles tranquilos de esta agonía; pero a vosotros, como más fuertes, os he traído para que trabajéis conmigo en las vigilias y en las oraciones. Sin embargo, quedaos también aquí vosotros, para que cada uno permanezca firme en el grado de su vocación, porque toda gracia, por grande que sea, tiene otra mayor.
*San Jerónimo*
Oró por tercera vez, para que toda palabra estuviese en la boca de dos o tres testigos.
*San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 83,1-2*
Cuando dice: "Ved aquí llegada la hora", manifiesta que todo lo que sucedía, era por disposición divina, y en cuanto a lo que dice: "Y el Hijo del hombre será entregado en mano de los pecadores", da a conocer que era necesaria la maldad de estos, y no que El fuese criminal.
*San Agustín, in sermone de Passione*
Pero dice: ¿A qué has venido? como si dijera: Abrazas y vendes; sé por qué vienes. Te finges amigo, siendo traidor.
*San Jerónimo*
Como si dijera; no necesito el auxilio de los doce apóstoles, aunque todos me defendieran porque puedo tener doce legiones del ejército angélico. Una legión se componía antiguamente de seis mil hombres, de modo que doce legiones formaban setenta y dos mil ángeles, que es el número de lenguas en que están divididas las naciones.
*San Agustín, quaestiones evangeliorum 1,42*
Y que la Iglesia seguiría e imitaría los padecimientos del Salvador, pero de muy diferente modo; pues la Iglesia padece para sí misma, y Aquél por la Iglesia.
Sigue: "Y habiendo entrado, se sentó entre los criados para ver en qué paraba".
*Orígenes, in Matthaeum, 35*
¿Cuán grande crees que no fue el error de condenar a muerte a la principal de todas las vidas, y no atender al testimonio de tantos resucitados por la fuente de la que fluía la vida de todos?
*San León Magno, sermones 60,4*
Felices tus lágrimas, santo Apóstol, que tuvieron la virtud del santo bautismo para borrar la culpa de la negación. Intervino, pues, la diestra de nuestro Señor Jesucristo, para impedir tu precipicio cuando ya caías; y recobraste la fortaleza de perseverar, en el mismo peligro de caer. Pronto, pues, se rehabilitó Pedro, como quien recibe una nueva fuerza; y en tanto grado, que el que entonces se había asustado de la pasión de Cristo, permaneció después constante sin temer su propio martirio.
*Orígenes, in Matthaeum, 35*
Contéstenme los que inventan cierta fábula sobre dos naturalezas en el hombre, ¿por qué Judas conociendo su pecado dijo: "Pequé entregando la sangre del justo"; sino por la buena semilla de inteligencia y virtud que sembró Dios en el alma racional, la cual no cultivó Judas, y por esto cayó en tal pecado? Si, pues, si hay algún hombre de tal naturaleza que haya de perderse, Judas fue el que más perteneció a esta clase. Si después de la resurrección de Jesucristo hubiera dicho esto, acaso lo hubiera dicho obligado a arrepentirse de su pecado en fuerza de la misma resurrección. Pero ahora, viendo que había sido entregado Jesús a Pilato, se arrepintió tal vez acordándose de lo que Jesús había dicho repetidamente sobre su futura resurrección. Sin duda que Satanás, que había entrado en él, le apremió hasta que entregó a Jesús a Pilato; y después que logró lo que quería, salió de él y dejándole, pudo arrepentirse. ¿Pero cómo vio Judas que Jesús había sido condenado, si aun no había sido interrogado por Pilato? Acaso dirá alguno, que en su imaginación vio el resultado del proceso por lo que había visto. Otro dirá que lo que está escrito: "viendo Judas que había sido condenado", se refiere al mismo Judas, entonces sintió su maldad y se reconoció condenado.
*San Jerónimo*
He leído hace poco tiempo, en un códice hebreo que me proporcionó uno de la secta de los nazarenos, un pasaje apócrifo de Jeremías, en el que hallé esto literalmente escrito. Y me parece que más bien este testimonio está tomado de Zacarías a quien citaban con frecuencia los evangelistas y los apóstoles, como tenían costumbre de citar el Antiguo Testamento, dando el sentido y prescindiendo del orden de las palabras.
*San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 86,1*
Decía también esto, porque quería librarle si respondía disculpándose. Sigue. "Y no le respondió a palabra alguna, de modo que se maravilló el presidente en gran manera". Y aun cuando tenían muchas pruebas de su virtud y de su mansedumbre y humildad, sin embargo, le calumniaban y activaban contra El su juicio perverso. Por esta razón no responde y si alguna vez lo hace, habla con brevedad, no fuera que, por su prolongado silencio se formase de El la idea de pertinacia.
*Remigio*
Era costumbre entre los antiguos, cuando alguno quería aparecer como inocente de algún delito, tomar agua y lavarse las manos en presencia del pueblo.
*San Agustín, quaestiones evangeliorum, 2,51*
Cuando, pues, en la pasión despojaron al Señor de su propio vestido, y le vistieron de burla, son significados los herejes, que dicen que no tuvo verdadero cuerpo, sino ficticio.
*San Hilario, in Matthaeum, 33*
Rehusó beber el vino mezclado con hiel, porque no se mezclase la amargura de los pecados con la felicidad incorruptible de la eterna gloria.
*Remigio*
Sin duda se puso este título sobre la cabeza de Jesús por disposición divina, para que comprendiesen los judíos, que a pesar de haberle quitado la vida, no pudieron prescindir de tenerle como rey, pues por la muerte afrentosa no sólo no perdió su imperio, sino que más bien se confirmó en él.
*San Hilario, in Matthaeum, 33*
Que los ladrones insultaban al Señor en su pasión, quiere decir que todos los fieles habían de escandalizarse por el acto de la crucifixión.
*Dionisio, epistola, 7*
Veíamos que la luna coincidía con el sol cuando no le correspondía (porque no era tiempo de conjunción). Y además que la luna desde la hora de nona hasta la de víspera, se encontraba ocultando el diámetro del sol de una manera sobrenatural. Veíamos también que el mismo eclipse empezaba por el Oriente, y que llegaba hasta el término del disco solar, pero que después retrocedía. Y que otra vez, no de este mismo modo, por defecto o por oposición, sino que por el contrario, se verificaba en toda la extensión del disco.
*San Jerónimo*
Helvidio 1 dijo que Santiago y José son hijos de María, la Madre del Señor. A éstos los judíos los llamaron hermanos de Jesucristo. Habla de Santiago el Menor para distinguirlo de Santiago el Mayor, que era hijo del Zebedeo. Dice Helvidio que es erróneo pensar que no hubiese estado allí la Madre del Señor estando también las otras mujeres, o inventar no sé qué otra María, cuando el evangelio de San Juan asegura que la Madre del Señor estaba allí. ¡Oh ciego furor y alma maliciosa para su propio daño! Oiga, pues, lo que dice el evangelista San Juan: "Estaban junto a la cruz de Jesús su Madre y la hermana de su Madre María Cleofé y María Magdalena". Ninguno duda que hubo dos apóstoles llamados Santiago: el hijo de Zebedeo y el hijo de Alfeo. Sin embargo, acerca de aquel Santiago el menor de quien la Escritura dice que era hijo de María, podemos decir que es el hijo de Alfeo si se trata realmente de uno de los apóstoles. Pero si no es apóstol sino un tercer Santiago, ¿cómo puede considerarse como pariente del Señor? ¿Y cómo el tercero se llamará menor para distinguirle del mayor? Las palabras mayor y menor no se citan cuando se habla de tres sino cuando se quiere distinguir entre dos. El hijo de Alfeo fue llamado pariente del Señor, según afirma San Pablo ( Gál 1,19): "Yo no vi a ningún otro de los apóstoles más que a Santiago, pariente del Señor". Y para que no se crea que éste era el hijo del Zebedeo, léase los Hechos de los Apóstoles, en donde se dice que ya había sido muerto por Herodes ( Hch 12). De esto se deduce que aquella María a quien la Escritura llama madre de Santiago el Menor, fue la esposa de Alfeo, hermana de Santa María, la Madre del Señor, y la misma a quien San Juan llama María de Cleofás. Pero si te parece que se trata de dos distintas Marías, porque una vez es llamada María, madre de Santiago el Menor y otra vez María de Cleofás, estudia la costumbre de la Escritura de designar a la misma persona con nombres diferentes. Así como el suegro de Moisés es llamado Reuel y Jetró 2, del mismo modo la esposa de Alfeo es llamada María de Cleofás y María, madre de Santiago el Menor. Si ésta fuera la Madre del Señor, el Evangelista hubiese preferido llamarla así, como lo hace en todos los lugares. Y aunque María de Cleofás fuera distinta de María, madre de Santiago y José, consta ciertamente que esta última no puede ser la Madre del Señor.
*Orígenes, in Matthaeum, 35*
No se dice que la madre de los hijos de Zebedeo estuviese sentada junto al sepulcro porque quizás no haya podido llegar sino hasta la cruz; mas éstas, dada su gran caridad, no faltaron tampoco en lo que sucedió después.
*San Hilario, in Matthaeum, 33*
El miedo de que fuese robado el cuerpo, y su guardia y sello es un testimonio de necedad y de infidelidad, porque quisieron sellar el sepulcro de aquél por cuyo mandato habían visto levantarse a Lázaro del sepulcro.
*Sea todo a la mayor gloria de Dios.*


